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El Baúl de la Niñez

 

Cada etapa a lo largo de nuestra vida nos trae añoranza al mirar atrás, pero si quieres arrancarle una sonrisa a otra persona, pregúntale sobre su niñez. Esa que si lo permitimos…¡NUNCA SE VA!

Está ahí dentro de nosotros, como un reloj marcando nuestro presente e influyendo en las decisiones que tomamos al crecer.

Es como un baúl que llevamos por dentro, del cuál sacamos tesoros, disfraces y mapas con rutas secretas.

Cuando inevitablemente nos tocó crecer hasta meternos en el problema de ser adultos, dejamos atrás esa maravillosa etapa donde todo solucionábamos con una preciada y sabia sencillez. Fue entonces, cuando decidimos que ese baúl debía permanecer cerrado.

¡Pero aquí vengo yo con una genial idea!

Por qué no seguir haciendo travesuras y atrevernos a abrir ese baúl de vez en cuando para encontrar las respuestas a esta realidad con un toque de inocencia y espontaneidad.  Quizás si lo hiciéramos, todo sería tan diferente!!

Por ejemplo, si necesitas creatividad y sientes que no tienes más ideas, simplemente abre el baúl de la niñez y recuerda que en esa etapa no te importaba salirte de la línea en el primer intento.

Si no puedes perdonar a alguien, corre a aquel baúl buscando qué hacías para no enojarte con el que te empujaba para quitarte el columpio o peor aún, te pegaba con él! Porque no solamente no te enojabas, si no que 5 minutos después, jugaban juntos otra vez.

Si cuando crees que la vida se pone difícil al ver hacia el futuro, regresa a ese baúl y  descubre cómo de niño dormías sin preocupaciones, sin pensar en lo que sucedería mañana. Solo podría saberlo quien tuviera una bolita de cristal, ¿quién la tendrá?

Qué diferente fuera este mundo si solo brincáramos sin temor dentro del maravilloso baúl de la niñez!

Atrevámonos a abrirlo, una y otra vez, que sea un ejercicio y parte de nuestro día. Dejemos que nos acompañe siempre mientras atravesamos la adolescencia, vivimos nuestra juventud y llegamos a la adultez.

Que la inocencia y esencia de la niñez no nos falte nunca. Hoy celebremos juntos y digamos:

¡Feliz día a todos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA TELETRANSPORTACIÓN DE PAPÁ

 -Cierra los ojos -me dijo mientras estaba sentada en sus piernas al borde de la cama. Todo lo que decía para mi era la pura verdad así que le di una última sonrisa y cerré los ojos lista para partir.-Nos vamos a tele transportar.

-¿Tele transportar? -reí de los nervios mientras trataba de mantener la seriedad que este viaje merecía.

 -¡Shun-pow-pun! -dijo con voz de capitán de nave especial.

-¡Llegamos! Ahora estamos en el baño. Justo cuando empezaba a abrir mis ojos para ser testigo de este acto de magia, los efectos de sonido empezaron otra vez.

-¡Shun-pow-pun! ¡Abre los ojos! Con un poco de temor abrí los ojos lentamente.

-¡Taran! ¡Estamos otra vez en el cuarto! Ese era uno de los juegos de mi papa.

 El fue quien me enseñó a saltar las olas a la orilla del mar, a usar zapatos de caucho en vez de tacones, a ser una aventurera. Me enseñó que un hombre puede hacer una trenza en la mañana con un ojo abierto y otro cerrado, que la caperuza puede ser malvada y el lobo feliz, que mediante la psicología inversa puedes lograr que me suba en las más terroríficas montañas rusas y a comer todas las partes en las que se divide cualquier animal. Cada primer día de escuela y hasta primer curso de secundaria se sentaba conmigo en la banca como un compañero más hasta que llegue el profesor.

 Aunque la fantasía era natural en una niña de mi edad, mi papá me enseñó a usar mi imaginación en cada uno de sus juegos. Y así la “tele transportación” me movió de un lugar a otro sin que yo tuviera la mas mínima idea de lo que pasaba a mi alrededor.

 Cuando yo nací, mi mamá tuvo que soportar el caos de un divorcio mientras trataba de manejar el ser madre primeriza a solo sus 19 años.

 Pero 2 años después lo conocí. Su apellido no encajaba con el mío, pero desde ese día lo amo como un verdadero padre.

Así fue como empezó mi tele transportación de un hogar roto a uno reconstruido.

 Sé que hay muchos que como yo, no crecieron con su padre biológico y otros sin la presencia de uno, por eso hoy celebramos también a las súper mamás, tías, tíos y súper abuelos que tomaron este reto.

 Pero yo no me di cuenta. ¡A mí me tele-transportaron!

No sentí ni odio, ni tristeza, ni pena, ni falta, porque mi papá me enseñó a tele transportarme. Cerré mis ojos y nunca vi la falta de “paternidad” porque él llenó cada expectativa.

 Con el pasar de los años he podido comprender

Que durante el embarazo la madre es consiente de su compromiso mientras comparte el calor de su cuerpo, su alimento y el mismo aire que respira.

El caso de los padres es diferente ellos son espectadores que aguardan en primera fila el debut de sus pequeños.

 Gracias papi por que no solo fuiste la primera imagen de hombre que conocí, sino que a través de tu ejemplo luego comprendí perfectamente cuanto Dios nos ama.

 Quiero rendir mi homenaje a los padres que restauraron el concepto que en esta época tenemos de la paternidad, que todavía nos permiten creer que un hombre puede ser amoroso y valiente haciéndonos entender a los hijos cuanto valor tiene nuestra vida.

 El amor por un hijo no empieza el día que nace sino que se va construyendo en el convivir diario, en los pequeños y grandes detalles.

 Pues ser padre es una decisión y tú decidiste por mí.

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OTRA ESPECIE 

Recuerdo cuando mi hijo Juan Diego, recien graduado de colegio, fue a Guayaquil a pasar sus vacaciones. De inmediato decidió inscribirse en un programa de ayuda para enfermos mentales en el Hospital Psiquiátrico. Todas las mañanas su abuelito lo iba a dejar y todas las tardes lo iba a recoger. El último día, de regreso a USA, invitó a su abuelito a comer un bolón en el local de la señora que estaba afuera del Hospital quien ahora es su buena amiga , no sin antes recomendarle al abuelo que allí hacen los bolones más ricos de Guayaquil.

Mi hijo Juan Diego siempre ha sido motivo de orgullo para mí. Es sencillo, generoso, inteligente, humilde y muy desprendido.

Cuando estudiaba en la Universidad de FSU, muy entusiasmado me contó que ya había encontrado trabajo de medio tiempo. Yo lo felicité y le pregunté que dónde estaba trabajando. Me sorprendió saber que su trabajo consistía en cuidar a una persona parapléjica: darle de comer, ayudarle a vestirse, limpiarlo, acostarlo en la cama o sentarlo en la silla de ruedas, salir al jardín y en silencio contemplar la naturaleza, darle sus pastillas y controlar que todo marche bien.

Gente de otra especie, es una clase de raza compuesta por bomberos, rescatistas, psicólogos, terapistas, brigadistas. Gente que simplemente tiene el don de ser controlados y estar al mando en situaciones de extremo dolor, angustia, catástrofe o enfermedad.

Enfermeras que limpian heridas, rescatistas que buscan sobrevivientes arriesgando sus propias vidas, personas que entran a las mismas cámaras de la muerte buscando un vestigio de vida, una señal, un golpe, un grito que les devuelva la esperanza, pues ellos trabajan para devolver la vida donde la muerte ha hecho su nido.

Gente así está preparada para soportar horas de intenso calor, cocineros que acuden con sus propios implementos para alimentar a personas damnificadas, sin que nadie se los haya pedido. Están allí, donde el hambre y la desolación se apoderan de vidas golpeadas, para llenar con sus palabras los corazones de alegría y motivacion , levantando el animo del que lo necesita.

Voluntarios de todo tipo, de toda edad, de toda clase social, no hay diferencias cuando se trata de ayudar al hermano que sufre, a la madre que perdió a su esposo o a la niña que no encuentra a su familia.

Gente de otra especie que habla el lenguaje de la solidaridad, se alimenta de amor y se deja guiar por la compasión. Que no se lamentan ni se quejan, sino que ayudan, dan la mano, con paciencia y sin descontrol. Gente que tiene la capacidad de entregar el corazón cuando todo lo demás está perdido.

¿Existe gente de otra especie?

La respuesta es Si, así es! Estas personas nacen con este don. Pueden soportar el dolor y la desgracia del prójimo. No se derrumban ante esto. Tienen la fortaleza en su espíritu para responder con una sonrisa y agradecer por el milagro de la vida.

Hace poco dos personas sobrevivientes del terremoto acudieron a agradecer a quienes los rescataron de los escombros donde estuvieron sepultados durante 36 horas. Quienes batallaron mano a mano en contra del reloj y los extrajeron de las ruinas en la madrugada, iluminando la oscura noche de quienes los buscaban, lo hicieron porque es su natutaleza. ¡Gracias! Les decían entre sollozos esta pareja que fueron, compañeros en la felicidad y en la desgracia. El rescatista les contestó con el alma llena de compasión:

“Nosotros seremos para siempre parte de ustedes y ustedes serán para siempre parte de nosotros.”

 

 

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NO NOS CANSEMOS DE DAR!!

Ayudar, es esforzarnos por ir más allá incluso de nuestras propias limitaciones, con el fin de sacar a alguien de una situación riesgosa o de inminente peligro.Mi esposo trabaja en Haití. En el 2010 ese país fue devastado por un terremoto. Haiti era el foco de atención en el mundo. De todos lados y por distintos medios, llegaba la ayuda para las victimas de esta tragedia. Pero en los meses posteriores, esas manifestaciones de solidaridad comenzaron a espaciarse, hasta que, poco a poco, era inexistente.

A menudo cuando las cosas comienzan, son más fáciles. Las noticias que vemos en la televisión, las historias de cada familia, el drama humano que conlleva una tragedia, hace que reaccionemos con fuerza y querer dejarlo todo con tal de estar al lado de las víctimas, de los desamparados, de los enfermos y heridos.

Sin embargo conforme va pasando el tiempo como que nos vamos desilusionando. Pareciera que le empezamos a ver mil y un defectos al trabajo que hacemos por otros. Es triste y empieza a haber falta de compromiso. Nos enojamos por la falta de recursos, por la desorganización, los robos, y un sinnúmero de injusticias que todo acto de ayuda voluntaria trae consigo. Lo que empezó como la más noble muestra de amor al prójimo poco a poco se convierte en una actividad que nos cansa, nos desalienta y nos congela el corazón.

Quizá muchos digan ¿Para qué me sigo preparando si la situación no cambia o nadie me lo agradece?

Sucede muy a menudo que después de mucho tiempo de dar y ayudar, empecemos a sentir cansancio. Y seamos nosotros quienes necesitemos de una palabra de ánimo o de esperanza. El cansancio nos va a alcanzar cada vez que pongamos el corazón para lograr el bienestar de los demás.

La realidad de nuestro mundo ha hecho que el amor se enfríe, que hayan menos personas que quieran hacer el bien por temor a lo que pudiera ocurrirles, por los asaltos,o falta de sus propios recursos si ayudan a otro en dificultades. Cosas como ésta hacen que nos alejemos de los más necesitados, que pensemos que es mejor seguir nuestra propia vida.

Pero no nos cansemos de dar, escuchemos los latidos de nuestro corazón, ayudar es amar y cuando se da, es más lo que se recibe. Ahí es donde está el valor del servicio: en entregarse sin esperar nada a cambio, en buscar el bienestar en aquellas personas que tienen derecho a tener una vida sin angustias. No te canses, sigue adelante, recuerda que tú eres la respuesta a sus oraciones, tú eres el oportuno Socorro que muchos esperan, que seas tú quien siga ayudando cuando todos se hayan ido, que sigas recolectando ayuda cuando la tragedia le haya dejado de importar a la mayoría. Muchos están orando para que llegues, muchos te están esperando, y muchos oran para que tu ayuda no cese. 

 

 

 

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CHIHUI

Estimados amigos,
Mi nombre es Chihui, quiero contarles sobre mi increíble experiencia al planear un maravilloso viaje junto a mis padres y cómo se desenvolvió.
Estaba a punto de completar el periplo de mi vida : papá, mamá y yo en un crucero a Alaska.
Normalmente ellos están muy ocupados en cosas importantes y lo entiendo, pero yo solo pensé si tan solo nos diéramos un espacio para pasar juntos …
¡ sería genial! tanto para ellos como para mi tener un tiempo especial familiar.
Sabía que el sentimiento era mutuo, lo podía respirar en el aire, ellos lo necesitaban de igual manera, pues yo no tenía problemas de faltar al colegio, ni una gran maleta para empacar, y mi compañía sería para ellos infinitamente placentera.
Estábamos casi listos, mi madre hacía largas listas dejando indicado a cada uno de mis hermanos sobre las actividades del colegio y extracurriculares, la limpieza de la casa estaba cubierta.
Era Domingo, un día antes del viaje soñado cuando de pronto empecé a percibir los aires pesados … ciertas anomalías dentro de casa..
Mi padre empezó a vomitar, luego fiebre y después dolores abdominales. En ese momento yo empezaba a gritar de desesperación, creía que el viaje sería truncado por la enfermedad de mi padre.
Al escuchar la llamada del médico por speaker notificándonos que definitivamente papá no podía viajar, fue desastroso!
Sin embargo siendo él tan bueno y generoso, no necesitó de mucho para decirle a mi mamá: Por favor mi vida tú debes irte de viaje, no te puedes quedar aquí. Lo hemos preparado con tanto cariño que no sería justo que te quedaras. No obstante no te vayas sola, llévate a nuestro hijo menor para que te acompañe.
Mi padre no iría al viaje, se me salió una lagrimita porque tenía tanta ilusión de irme con ellos, ¡y en su lugar iría mi hermano! ¡Humm! Al principio me sentí muy ofendida porque yo era lo suficientemente responsable para viajar con mamá.
Pero no había nada que hacer, estaba decidido, mi hermano viajaría con nosotras dos, y pensé egoístamente:
“Solo éramos los tres” pero automáticamente cedí ante la adversidad que estabamos atravesándo y pensé : Ya, ok ni modo que vaya.
Fue un problema pues había que sacar los dichosos permisos de salida y hacer notarizar los documentos para que mi hermano, menor de edad, pueda salir.
Extenuada de todo el dia me quedé dormida plácidamente entre medicinas de papá, ropas revueltas, dinero en efectivo, pasaportes, pasajes, y visas.
Al día siguiente, nos dirigimos hacia el aeropuerto, con maletas revisadas y listos en la sala de embarque a un paso de nuestra relajante travesía.
De repente escuché por los altavoces que alguien llamaba a mi madre por su nombre. ¿Otro problema más? ¿Justo cuando estábamos listos para subir al avión? Era el agente de migración.
Mi mamá empezó a desesperarse. Pero algo más estaba a punto de pasar, al llegar mi madre al lugar de los hechos, entró en terror, se imaginó que quizás alguien había puesto algo en sus maletas, la gente la miraba con cara maliciosa pensando que tendría algo extraño escondido, comenzaron a acumularse alrededor de su equipaje. Mi mamá dijo:¡dígame lo que me tiene que decir pero dígamelo ya, estoy desesperada!.
Abrieron la maleta y allí estaba yo, descansando plácidamente por casi tres horas, tal cual lo habría hecho cualquier perrita, con el abrigo y cuidado de mi mamá. Con mis ojitos aún adormitados y lagañosos por la maravillosa siesta que había tomado, podía ver las luces centelleantes del aeropuerto y la voz de un policía que conversaba con mi mamá, yo no entendía nada de lo que estaba pasando.
Mi mamá le decía al policía: Disculpe señor, no sé cómo pudo suceder, no tengo idea como mi perrita acaba de aparecer dentro del equipaje.
Señora, decía el policía, ¿usted está consciente de la gravedad de llevar a una perrita escondida en su equipaje?
Una vez más señor Policía, le dijo, yo le prometo que no la puse allí, quizás ella se quedó dormida dentro de los abrigos antes de que yo cerrara las maletas.
Entonces empezaron a llamar a los pasajeros para que abordaran el avión.
Señor policía ya me están llamando para abordar, dígame que debo hacer para llevármela.
Y el policía fríamente le contestó: ¿Cómo pudo estar dentro de una maleta una perrita? ¡Pudo haber muerto! En todo caso, usted necesita hacer un trámite para que ella pueda viajar.
Fue allí, que entre lágrimas, tomándome entre sus brazos mi madre me dijo:
¿Chihui qué haces aquí?
¿Cómo fue que te metiste dentro de la maleta? ¿En qué estabas pensando pequeñita?
Yo trataba de explicarle lo mejor que podía que yo también quería ir, pero ella con su dulce voz me decía
Tu no puedes viajar amor .
Entonces sucedió lo peor, empezó a llamar telefonicamente para que me vinieran a recoger, yo lloraba y escarbaba en sus piernas para hacerle notar que no podían viajar sin mi!
De repente mi papá contestó la llamada: Mi amor, te tengo una mala noticia. Hemos perdido a la Chiui,! hace tres horas que no la vemos! Mi madre le explicó lo sucedido.
Al final mi tía me recogió en el aeropuerto y vi con lágrimas en los ojos como mi mamá se alejaba con mi hermanito. Yo ladraba desesperada estirando mis patitas lo que mas podía para alcanzarlos, pero era imposible.
Hay cosas que debemos asumir sin demora …¡Chao, no había nada que hacer!
Al llegar a casa, vi que habían puesto volantes por todos lados en la ciudadela con mi foto, como si me hubiera desparecido por meses.
¡Que injusto! …y qué vergüenza con los vecinos..
¡Solamente habían pasado tres horas desde mi intento de viaje y ya estaba toda empapelada!
Los comentarios eran tan trágicos:
Que allí dentro de la maleta no hubiera podido llegar, que me hubiera ido al más allá de los perros. En fin…
Este es el mensaje que en mi cabeza quisiera darle a los policías de migración, que no sean tan duros de corazón, que tengan un poco sensibilidad, y que no abusen de su posición como autoridad para frustrar los viajes de un perrita.
Atentamente

La Chihui.

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ALGO CONTIGO…

“No hace falta que te diga

Que me muero por tener algo contigo

Es que no te has dado cuenta

De lo mucho que me cuesta ser tu amigo”

Las voces sonaban nerviosas pero decididas, eran las doce de la noche de mi cumpleaños número 21. El chico que me había cortejado durante mi adolescencia se las había ingeniado para llevarme una serenata. Una guitarra y la compañía de su amigo le hicieron tomar valor para confesar lo que sentía por mí.

Enseguida sonó el teléfono, esa llamada era para mí, pidió pasar un momento, estaba hermoso, con su camisa marrón que hacía juego con sus fuertes ojos cafés. En sus brazos sostenía un ramo de flores amarillas y en su mano izquierda un regalo. Abrí la cajita envuelta en un papel repleto de corazones rojos, era un cofrecito que contenía una cadena con un dije en forma de corazón. El la colocó muy suavemente alrededor de mi cuello.

–Hoy te entrego mi corazón –me dijo mientras acomodaba mi cabello.

–¡Heidiiiiii! ¡Heidiiii! –escuchaba a lo lejos mi nombre mientras aun sostenía románticamente la mano del amor de mi juventud.

–¡No despiertes, no despiertes! –me repetía a mí misma. ¡No te despiertes!

Demasiado tarde… y aquí empieza mi traumática realidad.

–Heidi, ¿le diste de comer al perro?

–Si mi amor –contesté un poco trémula.

¿Dónde están las llaves del carro? ¡Heidiiii!

No te olvides de pasar recogiendo mis camisas por la tintorería. Las llaves, ¿dónde están las llaves del carro?

En el veladoooor, donde siempreeeee –contesté irónica.

Me voy al supermercado… ¿qué te traigo?

No sé mijito… lo que se te ocurra.

La necesidad del romance que todas llevamos por dentro no nos abandona. Por más que seas de esa clase de mujer que lo romántico te suene cursi, te haga sonrojar,  te de vergüenza ajena o quizás seas de las que van directo al grano, el romance seguramente te atrapó en este momento.

¿Te gustó o no mi sueño?

No puedes negar que al soñar dormida o despierta te ves con la suficiente valentía para enfrentar la timidez e imaginarte con ese vestido que siempre te quisiste poner (que no se ajusta a tu realidad actual) pero que en el silencio de tus pensamientos te entalla muy bien, te evoca a desear ese beso apasionado que Leonardo di Caprio o Ryan Gosling nos muestra en algunas de sus películas.

Durante nuestra juventud nos esforzamos por aprender historia universal, geografía, economía y hasta fútbol con el fin de poder tener una conversación a la altura.

(aunque luego nos damos cuenta que no sirvió de mucho).

¿Por qué algunas veces nos sorprendemos a nosotras mismas abrazadas a la almohada pensando en aquel que algún día nos enamoró o en un crucero fantaseando, con cenas románticas a la luz de las velas?

¿Por qué a pesar del tiempo aun suspiramos al escuchar a Roberto Carlos cantando Amantes a la Antigua?

La verdad es que nos apagamos fácilmente ante la falta de cortejo, sin remedio casi resignadas. Pero en realidad todas tenemos sed de romance, todas soñamos con sentirnos amadas y deseadas, anhelamos los pequeños detalles, las sorpresas, las palabras de afirmación y las citas inesperadas.

Recordemos esos tiempos que vivimos de adolescentes… Cuando el chico que te gustaba venía caminando hacia ti y tú decías en tu mente… ¿será que viene por mí?… no, seguro es por mi amiga, ella es más linda…

O mirabas alrededor tuyo para comprobar si  sacaría a bailar a alguna contrincante cercana. Mientras seguía caminando hacia ti, él podía notar tu nerviosismo, sin embargo eso no lo detenía… ¿la razón?

Pues a él también le temblaban las piernas, sus pantalones holgados no dejaban notar la inseguridad que ocultaban sus pensamientos. Y se podía escuchar a voces…

¿Querrá bailar conmigo? ¿Sigo caminando nomás? ¿Y si dice que no? Mejor solo le pregunto qué hora es… ¡¿Qué hago?!

Y esta gran incógnita  llegaba a su fin con solo una respuesta: “Sí, por supuesto”.

Este encuentro ni siquiera era una declaración de amor, era solo la ilusión de estar cerca, tomarlo de la mano y salir hacia la pista. Luego sentir su cuerpo ligeramente cerca del tuyo, su aroma y una conversación al oído. Entonces descubrías si realmente te gustaba o no, pero eso era secundario, ese momento romántico no era comparable a nada de lo que pasaría o no en el futuro.

“El romance”… suspiramos solo de pensar en volver a sentirnos así. ¡Admítelo!

Sin embargo con el paso del tiempo, de los años, muy a menudo creemos que el romance se apagó en nuestro corazón y que deberíamos invertir nuestro tiempo en cosas más prácticas e importantes. Pero eso solo es un engaño, de una u otra manera el romance nos llama secretamente, soñamos, deseamos y anhelamos pues su llama es imposible extinguir.

Me encanta conversar con aquellas personas que a pesar de los años no han permitido que la fantasía del amor se ausente. ¿Te las describo a continuación?

Ellas pueden pasar horas hablando de la hermosura de las estrellas, del encanto del atardecer, te invitan a tomar el té en su casa, te reciben cálidas, siempre tan pulidamente arregladas. Hospitalarias, te atienden con bandejas de plata, ponen música y te invitan a mirar el cielo porque aseguran que hoy será un maravilloso día. Llegan a tu casa con una caja de chocolates, las recuerdas por el aroma que despiden por donde vayan y si el día está lluvioso, es el momento perfecto para una copa de vino y recordar el pasado con una auténtica felicidad.

La música las persigue, no están ellas sin la música ni la música sin ellas y en medio de boleros empiezan a contarte sus anécdotas, deslumbrantes historias, maravillosos recuerdos. Consejos llenos de sabiduría empiezan a fluir por esos labios que siempre están pintados, de coral, rojo pasión, o un simple rosado ternura. Todo las asombra, todo las sorprende. Llevan siempre recuerdos gratos, detalles que guardaron de cada rincón, lugares por donde pasaron dejando una estela de encanto, de asombro, de amor a su paso.

Cualquier estación del año es hermosa, digna de admirar, de comentar. Las caídas de sol y los tonos de ese esplendoroso cielo que tenemos la dicha de admirar cada día les roban el aliento. Una noche estrellada es un espectáculo, el escenario perfecto para ellas, con tan solo unas palabras te pueden llevar a la antesala de Lo Que el Viento se Llevó, Titanic o El Diario de una Pasión.

Narradoras por excelencia que llevan al romance, inspiran al amor. Hablar con ellas de cosas prácticas, negativas o urgentes es casi una grosería, una torpeza, pues son tan positivas y delicadas que hasta las situaciones más difíciles que llevan en sus propiasvidas, suenan a esperanza, a todo estará bien, todo mejorará. Benditas mujeres que no han perdido el romance, que siguen creando momentos, generosas en halagos, no escatiman la cantidad de cosas preciosas que tienen que decir de ti, de un niño, de un anciano, y si algún detalle ese día te adorna pues ellas no lo pueden dejar pasar por alto, dejandote saber quién eres, lo que vales y la admiración que sienten de tenerte por amiga.

El romance nos viene por herencia tanto a hombres como mujeres sino díganselo a Dios quien es un romántico empedernido. Cuando nos dice: “Callaré de amor y me gozaré sobre ti con cánticos”. El deja de hablar de tí y empieza a cantar  sobtre tí cuando las palabras se acaban, dando paso a la pasión por nosotros.

Cuando nos sentimos amados y deseados no existe fuerza en el mundo que nos mueva de ese lugar. Nuestra sed de romance nace del profundo anhelo de ser valioso para alguien todos los días de nuestra vida.

Quizás es el tiempo de empezar a ser libres para amar y entregarnos a la hermosa tarea de ser románticos.

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¿QUIÉN LA TIENE?

¿Dónde está? ¿Quién la vio por última vez? ¿Por dónde se fue?
Testigos afirman que la última vez que la vieron se armó un alboroto y la gente vociferaba algo que ni ellos mismos comprendían en medio de peleas, insultos, golpes y “demases”.
Algunos afirman que la vieron correr y esconderse dentro de un edificio, otros aseguran haberla visto aferrada entre los pilares de una iglesia y otros que asaltó el interior de un restaurante.
Lo cierto es que todos la están buscando, todos la necesitan y están resueltos a tenerla.
De hermoso parecer e inteligencia perspicaz se escabulle en silencio y toma por sorpresa al más común de los mortales.
Adolescentes, adultos, ancianos, profesionales, hombres y mujeres, todos caminan hipnotizados ante sus poderes.
Pero… ¿quién sería capaz de armar tanto alboroto?
Nada más y nada menos que LA RAZÓN.  Ella, tan completa, tan llena de argumentos, inescrupulosa e implacable, la culpable de guerras y enemistades.
Ella se pasea  altiva y orgullosa con la seguridad de estar en lo correcto, inequívoca da vueltas por los recodos inimaginables de nuestra mente, asentada en nuestros pensamientos espera paciente para salir a la luz lista para defendernos de cualquiera que tenga la desfachatez de quitárnosla.
Sabe cómo hacerse desear, seduce con palabras que parecen sabias, se apodera de la mente de fuertes y débiles, atrae a los más inteligentes y no hay quien se resista ante ella.
Quien logre poseerla sentirá que habrá ganado un premio, ella promete la admiración de todos. Esa dulce sensación de que ella  sabía de antemano lo que iba a suceder, la convierte en más deseable que el fruto del Edén.

LA RAZÓN… ¿Dónde está? ¿Quién la tiene?


Todos la tienen y afirman que ella está de su lado. Tiene el récord más grande en efectividad pues ha logrado separar familias enteras, poniendo distancia y dejando ofensas a su paso.
La defendemos a costa de la moral, la religión y hasta el sentido común. Le servimos como a un emperador, ella dicta  como un juez nuestras conversaciones y por supuesto sus conclusiones.
Se camufla muy bien disfrazándose de buen criterio en las altas esferas, en medio de la muchedumbre y dentro de la más humilde de las casas buscando una arbitraria justicia en sus víctimas.
Es posesiva e imponente y humilla al que no está de acuerdo con ella. Su herramienta destructiva muchas veces es el sarcasmo.  Burlona se ríe de los demás, de la chica que quedó embarazada antes de casarse pues “ella siempre supo que eso tarde  o temprano iba a suceder”.  Se ríe del compañero que perdió el trabajo pues “se pasaba pidiendo permisos, llegaba tarde y era vago”. O de la pareja que fracasó pues “nunca fueron compatibles”.
Tiene muy buena memoria, lleva los registros de  los actos de todas y de todos, como dice el Compañerito. Ella no se olvida de la discusión que tuvo hace 20 años atrás, se forma un criterio y le dicta a su amo con quien debe juntarse y a quien evitar de por vida. Rechaza, decide y discrimina. Ella es la que gobierna.
Todas sus promesas son falsas ya que lo único que obtenemos al ser aliados de ella es tristeza y soledad. No hace falta tenerla en grandes cantidades, tan solo un poquito de ella y estaremos contaminados.
¿Por qué habría de destruirte?  Puedes sentirte destruido  cuando la pierdes. Y perderla significa  la ausencia del juicio, la cordura y el equilibrio poniendo en duda tu valor como ser humano.

Dios conoce la razón de cada uno de  nuestros actos, sin embargo provee una salida para llegar al cielo cuando no lo merecemos. EL mismo renuncia a tener la razón y nos reconcilia en un acto de amor.
Lo más sabio será ser firmes ante sus insinuaciones, LA RAZÓN  es una fiera salvaje que tarde o temprano acabará por  destruirnos.

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